Evangelización y familia
“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (Evangelii Gaudium, 1)
La alegría de evangelizar
Con nuestra evangelización en la Iglesia “damos testimonio de la alegría de participar en la construcción del Reino de Dios” (Const. 11), comunicando a Jesús, fuente de todo bien; Él es nuestra alegría y nos compromete en su obra divina (Const. 9).
Quien desee vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que amar a Jesucristo, reconocer al otro y buscar su bien, «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14)
«La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás». Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal: «Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión»
De ahí la alegría que ha de tener un evangelizador, comunicando con ella el gozo de ser alcanzado por la gracia.
La Iglesia nos invita a acrecentar el fervor, «la dulce y confortadora alegría de evangelizar”, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas y tiempos difíciles; irradia el entusiasmo de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo. (Cfr. Evangelii Gaudium, 9-10)
