Bodas de Plata de las Hermanas Aderma, Teresa e Isaskia.

Damos gracias al Señor que, en su infinita misericordia, sigue llamando hombres y mujeres que hacen presente el amor y la ternura de Dios en el mundo.

En el transcurrir de los siglos nunca han faltado hombres y mujeres que, dóciles a la llamada del Padre y a la moción del Espíritu, han elegido la Vida Consagrada, camino de especial seguimiento a Cristo, para dedicarse a Él con corazón indiviso (cf. 1 Co 7, 34). También nuestras Hermanas Aderma, Teresa e Isaskia, como los Apóstoles, han dejado todo para estar con Jesús y ponerse como Él al servicio de Dios y de los hermanos.

Han pasado ya 25 años de su primer sí al Señor y el 21 de enero celebraron sus Bodas de Plata.
25 aniversario de consagración religiosa, haciendo vida el Carisma y la Espiritualidad de las Hermanas Hijas de la Altagracia, por medio de la realización de diversas obras apostólicas.

Nuestra Señora de la Altagracia, Protectora del Pueblo Dominicano y Patrona del Instituto Hermanas Hijas de la Altagracia

“Virgen Santísima, Madre nuestra de la Altagracia, ampara y defiende al católico Pueblo Dominicano que te proclama como a su única Reina y Soberana”

«María, humilde sierva del Altísimo, el Hijo que has generado te ha hecho sierva de la humanidad. Tu vida ha sido un servicio humilde y generoso: has sido sierva de la Palabra cuando el Ángel te anunció el proyecto divino de la salvación.
Has sido sierva del Hijo, dándole la vida y permaneciendo abierta al misterio. Has sido sierva de la Redención, “permaneciendo” valientemente al pie de la Cruz, junto al Siervo y Cordero sufriente, que se inmolaba por nuestro amor.
Has sido sierva de la Iglesia, el día de Pentecostés y con tu intercesión continúas generándola en cada creyente, también en estos tiempos nuestros, difíciles y atormentados.
A Ti, joven Hija de Israel, que has conocido la turbación del corazón joven ante la propuesta del Eterno, dirijan su mirada con confianza los jóvenes del tercer milenio. Hazlos capaces de aceptar la invitación de tu Hijo a hacer de la vida un don total para la gloria de Dios.
Hazles comprender que servir a Dios satisface el corazón, y que sólo en el servicio de Dios y de su reino nos realizamos según el divino proyecto y la vida llega a ser himno de gloria a la Santísima Trinidad
Amén».
(San Juan Pablo II, Mensaje, XL Jornada de Oración por las Vocaciones, 16-10-2002)

“La Virgen De La Altagracia,
Don de Dios y patrimonio espiritual del Pueblo Dominicano”

Como preparación al año Jubilar Altagraciano, en ocasión del centenario de la Coronación
Canónica de Nuestra Señora de la Altagracia, celebrado en nuestro país con gran júbilo en agosto, 2022, los Obispos Dominicanos presentaron a Nuestra Señora de la Altagracia como un verdadero regalo de Dios al pueblo dominicano. Un regalo palpable por su presencia continua y por tan generosas manifestaciones y favores recibidos.

Nuestro país ha sido y sigue siendo bendecido por Dios, por haberse plantado en nuestro suelo, por primera vez en el continente americano, la Cruz de Cristo; y por dejarnos a María su Madre bajo dos advocaciones: la Virgen de las Mercedes, como Patrona; y como Protectora, a Nuestra Señora de la Altagracia, “defensora de la isla”. Ella es la Madre que nos lleva a su Hijo; la Reina coronada, la llena de gracia (Cfr. Carta pastoral del 21 de enero 2021).

El pueblo sencillo ha conservado y transmitido la fe con acento mariano, haciendo de ella un símbolo de la identidad nacional, un lugar de encuentro y de formación para las familias, un legado elemental, una identidad religiosa en la que todos se sienten abrazados y acogidos por la Madre de Dios.
El reconocimiento del culto Altagraciano en la vida nacional es ya de por sí una carta de presentación válida para toda la Iglesia universal, dado el proceso de expansión que lo sitúa más allá de los contornos de la Isla Hispaniola.

(Cfr. Ntra. Sra. De la Altagracia, un regalo de Dios al Pueblo Dominicano, 2021

El 11 de diciembre 2025, las Hermanas Hijas de la Altagracia celebramos con alegría el 48 aniversario de fundación de la Congregación. En él expresamos nuestra gratitud a Dios por su amor y su presencia consoladora, reconociendo humildemente que a pesar de nuestra pequeñez sigue confiando en nosotras, permitiéndonos, por medio del don carismático ser parte de su proyecto salvador en la extensión de su Reino.

Cobijadas con el manto maternal de nuestra Madre Santísima, a quien veneramos bajo el título de la Altagracia, queremos continuar proclamando la grandeza de Dios, nuestro Señor, buscando en todo su Gloria y la Santificación de las almas (Const. 1).