Las Hijas de la Altagracia, nos sentimos interpeladas a discernir los “signos de los tiempos”, a la luz del Espíritu Santo, para desde nuestro Carisma ofrecer una respuesta atinada a necesidades concretas, tanto sociales como apostólicas (Const.1). Nuestro apostolado ha de estar centrado en el anuncio de Cristo (Cfr. Const.64), puesto que los cristianos necesitamos recomenzar desde Cristo, desde la contemplación de quien nos ha revelado en su misterio la plenitud del cumplimiento de la vocación humana y de su sentido. Queremos amar y hacer amar a Jesucristo para aprender de Él, en su seguimiento y la escucha de su Palabra, la dignidad y plenitud de la vida.
Como Hijas de la Altagracia queremos dejarnos consumir por el celo misionero, para llevar al corazón de la cultura de nuestro tiempo aquel sentido unitario y completo de la vida humana que sólo en Dios podemos encontrar.
