Mes de Febrero (2026)

Mes dedicado a la amistad y la Vida Consagrada

 

“Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme” (Mt 19,20)

“La vida consagrada es un don de Dios para la Iglesia.
Por la profesión pública de los Consejos Evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, constituye una forma estable de vida, en la que los fieles, siguiendo más de cerca a Cristo bajo la acción del Espíritu se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo; para que, entregado por un nuevo y peculiar título a su gloria, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo consigan la perfección de la Caridad en el servicio del Reino de Dios; y convertidos en signo preclaro en la Iglesia, preanuncien la gloria celestial” (Can 573, citado en Const. HHA, 1).

Actividades

2- Febrero

Feliz día de la Vida Consagrada

7-8 Febrero

Encuentro Hermanas Junioras

14-Febrero

Celebración comunitaria de la amistad

18- Febrero

Miércoles de Ceniza, inicia la cuaresma

21-22 Febrero

Encuentro de Hermanas Votos Perpetuos

Mes de Enero (2026)

Mes dedicado a Nuestra Madre de la Altagracia

 

María de la Altagracia peregrina con su pueblo
(Lc 2, 25-35) (Lc 2, 41-52)

La Madre de Jesús, aunque glorificada ya en los cielos en cuerpo y en alma, es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor (cf. 2 P 3,10). LG 68.
María, peregrina en la fe nos enseña a ser peregrinos, Ella es la creyente por excelencia, la que supo fiarse de Dios. Peregrinar es avanzar a través de un camino, hacia una meta.
Nuestra vida en este mundo es sólo un paso hacia la eternidad. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que “caminamos como peregrinos hacia la Jerusalén Celestial” (CIC, 1198) y señala que “las peregrinaciones evocan nuestro caminar por la tierra hacia el cielo” (CIC, 2691)
María nos enseña a recorrer esta “peregrinación en la fe (Lumen Gentium, 58), este camino hacia Dios. Ella es la creyente por excelencia, la que supo fiarse de Dios, creer en su palabra. “La Anunciación es el punto de partida de donde inicia todo el camino de María hacia Dios” (Redemptoris Mater, 14). Un camino de fe que pasa por tortuosos senderos: el presagio de Simeón, “una espada te atravesará el alma” (Lc 2, 35); el exilio en Egipto y la oscuridad interior; la actitud de Jesús que se pierde en el templo a los 12 años y María no logra entender… Hasta la cruz, que será la cima de su peregrinación terrena en la fe.
Y María “guardaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2, 51). En lo secreto de su alma, daba a todos los sucesos y circunstancias de su vida la dimensión de la fe. En ese silencio y recogimiento interior María hallaba su fuerza y su luz, su descanso. En la oración recobraba nuevos ánimos, como el viandante que se refresca con el agua de la fuente que encuentra a su paso.
Dichosa tú, Virgen María. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor! (Lc 1, 45).

Mes de Diciembre (2025)

 

“Contemplemos al Dios encarnado en la sencillez, la humildad y la ternura de un niño”.

 

Descubrir al Dios encarnado revelado en Jesús
Por el Misterio de la Encarnación, que atraviesa el don carismático, estamos llamadas a pensar, sentir y amar como Cristo, hasta que nuestro proceder se configure con su modo, para seguirle en total desprendimiento (Lucas 9,58), en mansedumbre y humildad de corazón (Mateo 11,26). Más aun, somos invitadas a convertirnos en cuerpo al servicio de los hermanos, un cuerpo abierto a toda la humanidad.

“El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su proximidad y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción de la persona. El servicio es en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo”. (Fratelli tutti 115).

“Vivir desde la espiritualidad de la encarnación implica descubrir, contemplar y acoger la carne de Jesús en sus diferentes manifestaciones y ofrecernos a servir como Él a la humanidad, entre los más pequeños, aprendiendo y creciendo con ellos”.