Todos los que por misericordia divina hemos sido llamados al seguimiento
de Jesús, somos consagrados y enviados a la misión, la cual consiste ante
todo, en hacer presente a Cristo en el mundo mediante el testimonio de
nuestra vida en comunidad. Cf Const. HHA 67) (VC72).

Por nuestra consagración estamos comprometidas con la construcción del
Reino, incorporándonos a la misión salvífica de Jesucristo, (Cf Cont 67), la
cual consiste en comunicar vida plena a todos (Cf. DA360) Por eso, la vocación
de las Hijas de la Altagracia es hacer vida en cualquier parte del mundo y
en cualquier obra de bien social el servicio y la liberación de los más
necesitados, dejando transparentar en toda nuestra actividad apostólica la
atractiva promesa de una vida más digna, en Cristo, para todos los hombres
y mujeres (DA 361).

Desde este horizonte, valoramos el ejercicio de nuestra acción
apostólica como una gracia de Dios, como una señal de vida y esperanza
para la Iglesia y el mundo. Esto no sería posible sin la sabiduría del Espíritu
actuando en nosotras y sin la dedicación de cada una de las hermanas,
amigos y bienhechores, quienes no escatiman esfuerzos en su tarea de vivir
y transmitir el Carisma y la Espiritualidad recibido de nuestra fundadora;
buscando la gloria de Dios y la construcción del Reino. (V Asamblea
General, 2013)

Tras la experiencia del VI Capítulo General Ordinario, celebrado en el
2016, hemos sido invitadas a contemplar con profundo agradecimiento el
don de nuestro Carisma fundacional, para que buscando la afinidad con el
Espíritu nos dejemos configurar con Cristo y esta experiencia capitular
converja en una misión más fecunda en la Iglesia.